
Hace dos años Celene fue asesinada por su pareja; su familia estuvo ayer en la vanguardia de la marcha que llegó al Zócalo con el mismo reclamo de otros deudos: justicia.
Este 8 de marzo el dolor marchó al frente. Adelante de las activistas y de las mujeres violentadas iban los seres queridos de quienes fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres.
¡No fue homicidio, fue feminicidio! ¡Porque vivas se las llevaron, vivas las queremos!, fueron las palabras que resonaron desde el Monumento a la Revolución hasta el Zócalo.
Los nombres fueron diferentes, pero las intenciones las mismas: recordar o pedir justicia por sus asesinadas.
Una de las tantas familias que lideró el contingente fue la de Celene, quien en marzo de 2018 fue asesinada por su entonces pareja. Le disparó en pleno centro comercial Reforma 222.
De Vallejo, a unas calles donde fue asesinada Ingrid Escamilla, salieron tías, amigos, primas y hasta los abuelitos de Celene, recordando a la joven cuya vida fue truncada a los 28 años.
En los últimos tres años, en dicha colonia se abrieron mil 500 carpetas de investigación: 130 por el delito de violencia intrafamiliar, el crimen más denunciado.
«Era mi nieta, pero yo siento como que me quitaron a una hija. Lo único que queremos es justicia para nuestras asesinadas», dice Feliza Hernández, abuela de Celene.
Desde la sala de su casa, Feliza está a punto de romper en llanto porque, asegura, la respuesta de las autoridades ha sido lenta e insuficiente. A diferencia de la pena, que llegó rápido y en cantidades inimaginables.
«El dolor ha sido mucho, eso es lo que más hemos sentido, dolor», dice Feliza antes de subir -con dificultad- al taxi que la llevará al Monumento a la Revolución.
A sus 82 años apenas se sostiene para caminar, pero marcha hasta el Zócalo para exigir que se le dicte sentencia al feminicida de su nieta.
Y ese dolor al que se refiera Feliza es el que se refleja en las pupilas del resto de personas que lideraron la marcha de ayer, cercadas por un cordón blanco.
Antes de las 14:00 horas, el grupo partió, de forma lenta y con paradas repentinas, hacia la Plancha del Zócalo.
Gritando y a ratos llorando. Las familias se diferenciaban del resto de la marcha, no sólo por el dolor en sus rostros, también por la playeras con los nombres y caras de las mujeres asesinadas.
Tampoco faltaron las pancartas y lonas.
«Yo era Celene, ahora me conocen como #CasoReforma222», se leía en una, con un retrato de la joven sonriendo, con sus lentes y su cabello rizado.
A lo largo de la marcha se esperaba que arribara Luz María, mamá de Celene, pero el número de manifestantes le imposibilitó alcanzar el contingente de familiares de víctimas. Quería protestar, pero había que trabajar.
La convocatoria rebasó los cálculos de autoridades e, incluso, de las organizadoras. Miles de personas tomaron la calle para gritar que cese la violencia. A diferencia del resto, en el primer contingente iban quienes alzaron la voz por mujeres que ya no pueden hablar. Los deudos de Celene, por ejemplo, y como ellos… cientos más.
A Citlali Betancourt Campos la secuestró su ex novio en su propia casa, en octubre de 2018.
Desde entonces, Paula Campos, su madre, no deja de buscarla. Por eso, la mujer decidió marchar junto con 200 mil participantes más.
Caminó por Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revolución, Avenida Juárez, trató de buscar paso en Madero, pero estaba cerrada. Sin embargo, llegó al Zócalo.
Paula sostenía por todo lo alta la ficha de búsqueda de su hija, de 16 años, de quien no sabe nada desde que fue llevada por sujetos armados que acompañaban a su ex pareja, en la Alcaldía Coyoacán.
«(Estábamos) dentro de la casa, tocó la puerta y venía con varios hombres, me rodearon y Arturo Román Pérez iba con un arma, ya no pude hacer nada, rompieron vidrios, de todo, ya no pude alcanzarla», dijo conmocionada.
Lamentó no haber hecho más ante una primera alerta de ayuda de su hija menor de edad. También, se reprochó que ahora no está con la segunda de sus tres hijas.
«Mi hija había dicho que le tenía miedo, pero nunca me imaginé que me fuera a pasar esto, que se la fueran a llevar así y no sé nada, no hay detenidos, a pesar de que hay muchas pruebas, muchas», contó.
Ella ha acusado directamente al ex novio, cuyos parientes la han amenazado a ella y a su familia.
Una de sus hijas ella salió de un coma, luego de ser golpeada con una varilla, presuntamente, por familiares del sujeto señalado.
No hay avances del caso, reprochó, no hay detenidos por la desaparición, ni castigos por la violencia cibernética.
Sólo tiene rumores de que su hija vive como víctima de trata, de explotación sexual y violentada.
Lo único que pide es volver a verla y que los culpables paguen por este tiempo sin estar juntas.