
Ninguna de las dos pudo parar.
María, una trabajadora doméstica, tuvo que acudir a su empleo porque sus jefes amenazaron con despedirla si no se presentaba y Mariana, quien se dedica a lo mismo, paró… pero para acudir a la Secretaría de Gobernación (Segob) a poner una denuncia por la desaparición de su hija de 24 años, Rosa Itzel.
Como otras mujeres, que forman parte de la fuerza laboral capitalina, María Gómez contó que empatiza con el movimiento feminista, y lamenta no haber podido sumarse a «Un Día Sin Nosotras».
«Yo quería unirme al paro, hasta pedí permiso de faltar, aunque me descontaran el día, pero me dijeron que si quería parar era ya siempre», explicó Gómez.
En contraste, a Mariana el paro no le sirvió. Sin embargo, le dio la oportunidad de hacer lo que no había hecho desde hace más de un año: pedir apoyo para encontrar a su hija.
«Si la tuviera enfrente le diría que la amo, que la extraño y que hubiera deseado que nunca le pasara esto», dijo Mariana ahogada en llanto.
Para arribar a la casa donde trabaja, María debe tomar un camión y luego el Metro. Sabe que sus condiciones laborales no son las mejores.
«Ayer (el domingo) también fui a marchar, y sí me hubiera gustado no salir a la calle hoy, porque entiendo la importancia de que se note que faltamos.
«Por ejemplo, en mi caso, la señora hubiera tenido que ver cómo solucionar sus tareas, y ella sabe que yo trabajo al otro día en otra casa, sabe que necesito este trabajo. Pero al no ir, ella hubiera tenido que batallar y se hubiera dado cuenta de la importancia de las mujeres que trabajamos en casas», señaló la mujer.
En tanto, Mariana es trabajadora doméstica en una casa de la Alcaldía Miguel Hidalgo, desde hace 16 años, pero comenzó a trabajar desde los 12 años, en su natal Veracruz. Actualmente tiene 45 años y es el soporte de su madre y su hijo.
«Voy al día, mantengo a mi mamá. Cada quincena le tengo que depositar, si no trabajo, no tenemos dinero.
«La patrona me da permisos, pero no lo suficientes como para que yo pueda buscar a mi hija», relató Mariana.
En Segob pidió apoyo para que las investigaciones de la búsqueda de su hija se realicen.
«Por mi trabajo tardé más tiempo, del que yo quisiera, para recurrir a todas las instancias para que me escuchen las autoridades correspondientes para buscar a mi hija.
«Si tuviera todo el tiempo se lo dedicaría a buscarla porque sí estoy en las redes, si estoy en colectivos pero estar encerrada ahí en el trabajo siento que no estoy haciendo nada», indicó.
Su salario de 3 mil pesos a la quincena tampoco le permite viajar a Baja California Sur para darle seguimiento al caso de Rosa Itzel, por lo que acudir a Segob le dio esperanza para seguir luchando otro año más.